El Chile que viene — Andrés Barrientos Cárdenas

“Luego de tantas movilizaciones, represión y dolor, el pueblo chileno comienza un nuevo camino. Han dado una clara señal sobre su contundente rechazo al neoliberalismo salvaje, a través del voto popular. Felicitaciones por este gran paso histórico. ¡Viva Chile!”, indicó Nicolás Maduro.

Las elecciones históricas llevadas a cabo en Chile, durante los días 15 y 16 de mayo, vienen a reflejar un ingrediente más de un proceso revolucionario en curso que tuvo el 18 de octubre de 2019 su punto de incineración de la democracia, y el 15 de noviembre del mismo año, el pacto de rendición o acuerdo por la paz y la nueva constitución. Y posteriormente una culminación y inicio de un nuevo orden político tras el rotundo fracaso de la opción rechazo a una nueva constitución.

El resultado de este proceso, donde se entregó la constitución política al extremismo, era de esperar. Las derechas tradicionales cedieron todos los fundamentos de su ideario político, optaron por un centrismo radical y las reformas del segundo gobierno de Michelle Bachelet quedaron intactas: reforma tributaria, educación y un proceso constitucional, este último explícitamente iniciado el año 2015. Las mismas derechas tradicionales optaron por buscar tomar el legado de la Concertación, un conglomerado político de centro izquierda que gobernó el país por más de 20 años, y terminó por alejarse de la defensa de la vida, libertad y propiedad. Es tan claro el panorama sobre la anomia cultural de la centroderecha que, ni hoy en día realizan un diagnóstico certero sobre el proceso revolucionario en curso. El bolivarianismo en Chile opera hace bastante tiempo, y son 12 partidos políticos que adscriben a dicha alianza, según indica el sitio web del Foro de Sao Paulo. Se insistió en buscar explicar un “estallido social” cuando fue una insurrección, y ya se comienzan a ver los resultados. Y además se ha subestimado profundamente el carácter revolucionario del Partido Comunista de Chile y la alianza de partidos que conforman el Frente Amplio.

Algunos riesgos que se visualizan en la futura convención constitucional obedecen a revisar los agenciamientos internacionales, recordemos que la desestabilización institucional de cualquier nación es el escenario propicio para las injerencias externas, para moldear u orientar un nuevo orden hacia intereses de grandes potencias. Por otro lado, también emergen las dudas sobre el respeto a las reglas del juego relativas a cómo debería desarrollarse esta convención constitucional, así también la pugna política que se establecerá entre esta convención y el congreso de Chile, que renovará sus diputados junto con la elección presidencial de noviembre de este año, y que hoy está siendo liderado en preferencias por dos radicales de izquierdas: Pamela Jiles y Daniel Jadue.

Asimismo, se ha hablado y teorizado de la conformación de una nueva derecha en Chile, sin embargo, mientras no exista una percepción de amenaza de camino de servidumbre hacia el socialismo y el bolivarianismo, no podrá levantarse una alternativa patriótica que defienda la soberanía y el ideario de una sociedad libre y responsable. En este caso, surgirá dicha alternativa, sí y solo sí se entiende debe avanzarse hacia un bloque macizo y efectivo, que deje la mochila de los partidos políticos tradicionales que entregaron Chile el día 15 de noviembre de 2019, solo así correremos el eje ante el avance del socialismo.

Queda un plebiscito de salida, claro está, ante lo que surja de esta nueva constitución, mientras los fondos de pensiones (de capitalización individual) tambalean ante un congreso radicalizado. 

En Chile se ha demostrado que, si se tiene tomada la agenda y la pauta mediática puedes producir profundos cambios institucionales. La politiquería superficial inculcada por los programas de la mañana (matinales) ha sido un complemento para incinerar lo que nos ha ido quedando de los pilares de la defensa de una democracia liberal. Un ejemplo más tenemos acerca de la narrativa política y cultural, que está tomada por la izquierda y ha trabajado en ello durante generaciones. Si no existe en la derecha chilena convicción de un proyecto histórico no habrá freno alguno al escenario que nos ofrece la izquierda en el país ¿surgirá una alternativa al proceso? ya veremos.