Rechazar para restaurar, no para reformar

“El extremismo en la búsqueda de libertad no es vicio. La moderación en la búsqueda de justicia no es virtud” proclamó el candidato presidencial del partido Republicano en los Estados Unidos, Barry Goldwater, en el año 1964, obteniendo un desastroso resultado frente al demócrata Lyndon B. Johnson. Sin embargo, dicha elección marcó un precedente, pues levantó el interés de los empresarios por financiar centros de pensamiento y universidades para cambiar el clima de opinión cultural adverso creando un contraestablishment conservador ante los avances del estatismo en el país de la libertad. Centenares de libros y publicaciones, formación de jóvenes, financiamiento de becas e investigación universitaria, creación de centros de estudios, filantropía al activismo libertario, entre otros, fueron parte del boom e incremento del espíritu republicano que llevó a que Ronald Reagan llegue al poder años más tarde.

En Chile es posible aprender de la lección norteamericana, y en ello las élites –parafraseando al economista argentino Javier Milei–, como benefactoras sociales están llamadas a contribuir en la búsqueda de paz, y mejora en calidad de vida de las personas como agentes activos en el financiamiento de actividades de la sociedad civil por la libertad como lo ha sido el exitoso caso norteamericano.

El resultado que para el Plebiscito del 26 de abril todos dan por adverso, será una gran lección para los políticos, sobre todo para aquellos que sin principios cedieron todo a la agenda sistemática de aniquilación institucional de la democracia chilena en forma acelerada en tan solo cuatro meses. Del rechazo surgirá la esperanza y veremos si Chile merece sumarse al fenómeno global del establecimiento de una nueva derecha, desde los estratos más populares a aquellos más descontentos con la gestión centro-derechista. En este nuevo tablero de go –analogía política de la horizontalidad y su molecularidad– el más hábil tiene la oportunidad de canalizar gran parte de este movimiento inorgánico que, quizás siquiera esté en la actualidad dentro de las encuestas de opinión, o por qué no, quizás está ahí esperando que alguien lo empuje como Goldwater dio el relevo a un joven Reagan en plena guerra fría.

Restaurar el Estado de Derecho, restaurar las libertades establecidas en nuestra Constitución (reunión, culto, comercio, educacional), y restaurar el alma junto con el motor de Chile será una ardua tarea, porque gran parte de ellas están siendo mermadas por los insurrectos que eufemísticamente han rayado todo Chile señalando que “no estamos en guerra”. Aquí están llamadas las élites a seguir el ejemplo de los miles de outsiders que, tomando posición, han repletado las redes sociales como Facebook, Twitter, YouTube, enviando centenares de mensajes de texto y audios de WhatsApp, Telegram, entre otros, que además dieron un remezón a los políticos tradicionales tras su “Acuerdo por la paz social y la nueva Constitución”, que paz no trajo, y que retoma –para los desmemoriados– toda la agenda política-estratégica presentada por Michelle Bachelet en el año 2017.

Andrés Barrientos Cárdenas
Fundación Ciudadano Austral