La impunidad de la izquierda radical

El día 13 de abril de 2020, el mirista, Sergio Martin Olivares Urtubia, condenado por 15 años en Brasil por el secuestro del empresario Abilio Diniz registrado en 1989, pena que terminó de cumplir en Chile, ingresó a la sucursal del Servi Estado ubicada en la Comuna de San Bernardo. Luego de un certero disparo dio muerte al vigilante privado Víctor Hugo Illanes Mena.

La prensa hegemónica por lo general tiende a sumar estos casos como hechos aislados o a presentarlos como un nuevo acto delictivo sumando al palmarés de la violencia en Chile, un deceso por delincuencia común.

El vigilante tenía cinco hijos, y como todas las mañanas se levantó a trabajar en medio de una pandemia, con el fin de llevar el sustento a su hogar de forma honrada y sacrificada. Cosa contraria se puede comentar sobre su asesino, que casualmente ha pertenecido a movimientos operativos en Chile asociados a la extrema izquierda, quien perpetró el disparo que le causó la muerte.

Estos delincuentes, que se camuflan bajo un ideario político/ideológico, no son más que criminales comunes de poca monta, que han sabido aprovechar nuestro sistema garantista desarrollando en su interior la envidia y el odio por el prójimo, y de esta forma llevar a cabo los crímenes más atroces en contra de aquellos que de forma honrada intentan surgir en nuestra sociedad contemporánea. Aquel asesino se encuentra registrado en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos —que ha recibido más $15.524 millones de pesos entre 2011-2020 (Barrientos, 2020)— y en el informe Valech, bajo el código 6472, como una víctima la represión del Estado. Aunque sus credenciales a plena vista solo permiten concluir que siempre se ha desempeñado como delincuente, y que además de ocupar la careta de luchador social recibe por esto una pensión de exonerado político pagada por todos los contribuyentes chilenos.

Este tipo de hechos delictivos no son nuevos. En el pasado el MIR, cometió múltiples actos de índole similar o de mayor gravedad, los cuales fueron perdonados e indultados en la Unidad Popular por ser “jóvenes idealistas”, dejando nuevamente en las calles a los delincuentes (Medalla et al, 2015). La historia ha demostrado que estas personas —en su momento jóvenes— han sido delincuentes desalmados, que en las décadas de los 70, 80 y 90 dieron muerte tanto civiles como uniformados, los cuales se encuentran documentados en diversos textos como; Allende y Pinochet: las verdades olvidadas, en donde se relatan los actos delictivos de este grupo, como de otros como es el VOP, FPMR, etc. De tal forma, que se atribuyen asesinatos a miembros del cuerpo de Carabineros, y el Ejército de Chile. Así, el MIR asesinó a siete en los tres años del gobierno de la Unidad Popular, o sea, en democracia.

No es la primera vez, y lamentablemente no será la última en que se cometan crímenes de esta índole por parte de algún pervertido social que haya participado en movimientos que propongan la ingeniería social como medio para conducir un país, más cuando sus ideales se refugien y sustenten sobre la ideología más perversa de la historia de la humanidad, el comunismo, que ha matado a más de 150 millones de personas.


Bastián Gajardo

Fundación Ciudadano Austral