2081: El año en que finalmente todos seremos iguales.

El premio nobel de economía de 1974, Friedrich v. Hayek dijo: “Hay una gran diferencia entre tratar a las personas igualmente y tratar de hacerlas iguales”. El cortometraje “2081” se centra en esto último, nos hace reflexionar respecto a cómo sería la sociedad si el estado nos hiciera a todos finalmente iguales.

Penúltima década del siglo XXI y en Estados Unidos se aprueban tres enmiendas constitucionales destinadas a buscar la plena igualdad entre los individuos. Los ágiles y fuertes portarán pesas, para no sacar ventajas de sus habilidades; a los inteligentes se les controlarán los pensamientos con el objetivo que no puedan pensar más ni mejor que los no inteligentes. Ese es el mundo que nos presenta Chandler Tuttle, el director del corto.

Guardianes estatales vigilarán que esta reforma constitucional se cumpla al pie de la letra, porque el individuo con sus aptitudes aprendidas y desarrolladas o sus talentos innatos no pueden superar a nadie, ahora ninguna persona puede tener más belleza que otra, la igualdad no sólo debe quedar como una buena intención, debe vivirse (o sufrirse) día a día.

El anarquista Harrison Bergeron, protagonista de esta historia, busca que su país salga del adormecimiento en que viven los individuos y vean que buscar igualar a todos mata al espíritu, la libertad y la creatividad; él es el último bastión del individualismo en este Estados Unidos del futuro sumido en el igualitarismo.

En el corto, los diálogos son innecesarios, la puesta en escena permite comprender la trama sin la necesidad de mayores intervenciones de parte de los actores; silencios, primeros planos o cámaras lentas son utilizados de forma magistral.

Es evidente la crítica que hace la obra respecto a la sociedad actual, muchas son la voces que -por desconocimiento o por verdaderas malas intenciones de fondo- se sienten cómodas oprimiendo al individuo y no son capaces de valorar que cada ser humano es único y que su vida, libertad, así como también el fruto de ello, su propiedad, son inviolables. Dichas personas son las primeras destinatarias de este filme.

En Chile, donde cerca del noventa por ciento no entendemos lo que leemos y otros tantos viven siempre apurados y sin tiempo, los 26 minutos de este cortometraje son un material valioso para llevar la ideas de la libertad a todos.

La invitación está hecha, sólo basta darle click al link y disfrutar