Archipiélago Gulag

A fines de 1973, ese tumultuoso año en nuestro país y también en otros países producto de la crisis internacional, se publicó un libro que marcó un antes y un después. Escrito de manera magistral, el mundo fue testigo de la forma en la cual que se desarrollaban los “socialismos reales”, en particular el soviético.

Archipiélago Gulag (Vol. 1), autoría del Premio Nobel de Literatura Alexsandr Solzhenitsyn. vino a poner ese punto de inflexión y le mostró a la humanidad la cruda realidad del proceder del comunismo una vez instalado en el poder. 

En más de 500 páginas el autor describe todo el proceso que vive un preso político en la Rusia de Stalin,  desde las detenciones arbitrarias, las torturas recibidas en los interrogatorios, sobrepoblación en las cárceles especiales, el viaje hacia los Gulag o campos de concentración y la vida en Siberia en las Islas (reales y metafóricas) a la que llegan los millones de detenidos rusos y del extranjero.

En la primera parte del texto se habla de las detenciones, por momentos el lector podría creer que está leyendo 1984 de Orwell, la policía del pensamiento orweliana, aquella institución de ficción es superada por los órganos oficiales del Estado Soviético los que, en función de un código penal sui generis, genera toda una estructura en pos de la persecución de quienes no piensan ni actúan de acuerdo a los designios de Stalin. 

El hacinamiento en las cárceles y las distintas formas de tortura del comunismo soviético son tratados en detalle, a pesar de leerlo en traducción desde su idioma original, el Ruso, es posible seguir el hilo de cómo la dignidad de las personas es pisoteada por el Estado.

Los capítulos sobre la vida en los campos de concentración no deja indiferente a nadie, a pesar del tiempo y la distancia de los hechos, siguen siendo impactantes las imágenes relatadas, sobrevivir en el círculo polar ártico con medio pan al día, es un pequeño ejemplo de las torturas que sufrieron los opositores al régimen comunista.

Sin dejar a un lado el sarcasmo e ironía, Solzhenitsyn no pierde la esperanza que su mensaje sea un grito de denuncia ante la realidad totalitaria de la que nadie – ni siquiera la rica cultura rusa estuvo ajena-  y de advertencia a las nuevas generaciones, recalcando que a pesar de todos los esfuerzos que pueda hacer el Estado por convertir a la persona en un número más, en un ladrillo más de la pared, el espíritu humano jamás se deja doblegar.

Solzhenitsyn, la autoridad moral del siglo pasado, nos legó este documento, pieza fundamental para quien desee adentrarse en conocer el modo en cómo el comunismo sustenta su poder en los países en los que está presente, representando esa voz de la conciencia que nos aconseja que como individuos no debemos permitir esos atentados a la libertad.

Javier Silva Salas
Es Administrador Público de la Universidad de Chile. Magíster en Comunicación Política del Instituto de la Comunicación e Imagen de aquella casa de estudios. Se ha desempeñado como Analista en el Programa Chile Indígena de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena. Además cuenta con experiencia en Planificación y Gestión Universitaria en instituciones públicas y privadas. Posee espacios de opinión en TV Bío Bío, El Líbero, El Insular (Región de Los Lagos), La Estrella de Chiloé y El Pingüino (Región de Magallanes). En el 2016 fue escogido como uno de los 50 jóvenes líderes de la Región de Los Lagos por el Diario El Llanquihue. Es autor del libro "La Constitución Liberal de Guzmán".